Revisa acá el listado completo de formaciones
Este es, quizás, uno de los principales errores que vemos en montañistas o escaladores que se inician en el mundo del canyoning. Si vienes de la escalada en roca, la alta montaña o cualquier disciplina estandarizada por la UIAA, el ATC o Dipositivo de aseguramiento tipo cesta o canasta es tu mejor amigo. Lo más probable es que gran parte de tu formación se base en este dispositivo como descendedor y asegurador principal; es ligero, intuitivo y excelente para asegurar a un primero o segundo de cordada.
Sin embargo, al entrar en un barranco, este dispositivo debe quedarse en la mochila (o mejor aún, en casa). En el canyoning, el uso de cestas no bloqueables es una de las principales causas de incidentes graves. Los diámetros y tipos de cuerdas, los métodos de fricción, el control de la velocidad y los sistemas de instalación son factores críticos que nos indican que utilizar un ATC es un riesgo innecesario y una falla técnica al realizar barranquismo o descenso de cascadas.
Aquí te explicamos las razones técnicas por las cuales el ocho de barrancos y los descensores imperdibles reinan en este deporte.
En escalada y montaña, lo habitual es rapelar con cuerdas dinámicas, utilizando técnica de doble cuerda recuperable. En el barranquismo, esto cambia drásticamente: la mayoría de las veces instalamos cuerdas simples y sistemas desembragables. Además, utilizamos siempre cuerdas semiestáticas (más adelante profundizaremos en por qué nunca se deben usar cuerdas dinámicas en ambientes de cascadas).
El ATC es un dispositivo diseñado principalmente para el aseguramiento, con prestaciones secundarias para el descenso. El problema es que genera mucha fricción y, si la cuerda está bajo el chorro de una cascada, la presión del agua sumada a la tensión de la cuerda puede provocar que el dispositivo se bloquee por completo. En este escenario, liberarse o continuar el descenso se vuelve una tarea casi imposible, dejándote atrapado en el punto de mayor peligro: el activo de la cascada.
Esta es la razón más crítica: en un barranco, existe el riesgo real de quedar atrapado en un rebufo o bajo el impacto directo de una cascada fuerte. Bloquear un ATC bajo carga extrema o intentar realizar una maniobra de liberación en estas condiciones es sumamente complejo y lento.
A diferencia de este, el descensor en ocho permite realizar llaves de bloqueo rápidas y seguras que, lo más importante, son fáciles de deshacer incluso bajo una presión hídrica severa. En situaciones donde cada segundo cuenta para evitar el ahogamiento por inmersión o el agotamiento, la simplicidad y eficiencia del ocho lo convierten en la herramienta de rescate por excelencia.
Imagínate a mitad de un barranco de 10 rápeles y, al montar la cuerda, se te resbala el ATC de las manos. Este no es imperdible: para colocar la cuerda, debes desconectarlo completamente del mosquetón. En un entorno con manos mojadas, guantes de neopreno y agua golpeando, las posibilidades de que el dispositivo termine en el fondo de una poza profunda son altísimas. Los descensores de barrancos modernos (como el Oka, Pirana o el Ocho) se montan sin necesidad de retirarlos del mosquetón incluso el descensor de 8 se instala bajo un sistema imperdible
El ATC ofrece un control de fricción muy limitado: o frena demasiado o frena muy poco. El Problema en el barranquismo, a menudo necesitamos cambiar la velocidad de descenso según la verticalidad o la fuerza del agua. Con un ATC, no puedes añadir fricción adicional de forma rápida y segura, ni tener opciones de descenso, es mas el descenso será trabajado, aumentando el efecto yo yo, el rozamiento y factores de choque durante el descenso.
Las cuerdas de barranquismo sufren un castigo constante: se hinchan con la humedad, absorben partículas de arena y se vuelven rígidas debido a la alta concentración de minerales. Todas estas condiciones, propias del ambiente acuático, son el escenario opuesto al entorno de cuidado y manejo que recibe una cuerda en la montaña o escalada tradicional.
El ATC posee ranuras de fricción extremadamente estrechas, diseñadas exclusivamente para cuerdas dinámicas, limpias y secas. Cuando intentamos pasar una cuerda de barranco de 10 mm —que al estar mojada y sucia puede llegar a comportarse como una de 14 mm debido a su expansión— el dispositivo se satura. Esto no solo agota al barranquista innecesariamente al intentar gestionar el descenso, sino que genera uno de los riesgos más críticos en el agua: un atrapamiento por fricción casi imposible de liberar.
Peor aún, el uso del ATC suele ser el síntoma de una falta de técnica global. Si estás utilizando este dispositivo, es muy probable que la cabecera o reunión tampoco esté instalada de forma adecuada para el entorno hídrico, derivando en una situación de rescate extremadamente compleja. Enfrentarse a una cascada activa con un sistema que no permite el desbloqueo bajo carga es, simplemente, una trampa de la que es muy difícil salir.
En barranquismo es común usar cuerdas de 9mm o incluso 8mm hasta cuerdas de 11mm , esto se ve muy superado pensando en que las cuerdas pueden aumentar hasta 3 mm su diámetro estando mojadas. Las placas estándar están optimizadas para cuerdas de escalada (10mm+). En cuerdas finas y mojadas, el ATC pierde casi toda su capacidad de frenado, volviendo el descenso peligroso y muy difícil de controlar solo con la fuerza de la mano y en cuerdas gruesas el sistema se puede trabar generando una condición de rescate.
Los dispositivos tipo cesta están diseñados para la escalada en roca, donde las cuerdas suelen estar limpias y secas. Sin embargo, en el barranquismo, trabajamos con cuerdas cargadas de partículas de sílice, arena y minerales suspendidos en el agua. Estas partículas actúan como una "lija líquida" que fluye constantemente a través del dispositivo durante el rápel.
A diferencia de los descensores de barrancos (como el Ocho o el Pirana), que tienen cuerpos de aluminio con mayores masas y tratamientos térmicos específicos para disipar el calor y resistir el roce, el ATC tiene paredes mucho más delgadas.
El efecto lija: En apenas un par de rápeles largos o en condiciones de mucho barro, el roce de la cuerda húmeda puede "comerse" literalmente el metal del ATC.
Filos cortantes: Este desgaste prematuro genera rebabas y aristas cortantes en el dispositivo, lo que lo vuelve peligroso no solo para su función, sino porque puede llegar a dañar la funda de nuestra propia cuerda.
Cuando la geometría interna de un ATC se altera por la abrasión, sus facultades técnicas cambian, Pierde capacidad de frenado, El control del descenso se vuelve irregular y La disipación de calor disminuye, afectando la integridad de las fibras de la cuerda. Usar un ATC en barrancos es someter a una herramienta de precisión a un proceso de destrucción acelerada. Es, en términos mecánicos, usar un escalpelo de cirujano para tallar granito; una decisión ineficiente, costosa y, sobre todo, insegura.
El ATC es una herramienta fantástica para la pared, pero el barranquismo es un entorno hidrodinámico. Necesitamos herramientas que nos permitan velocidad de ejecución y facilidad de liberación. Si usas ATC en un barranco, estás comprometiendo tu capacidad de respuesta ante una emergencia.
Elegir el equipo adecuado para cada disciplina no es una cuestión de moda, sino de supervivencia y eficiencia. Como hemos visto, el uso del ATC en el barranquismo no solo es técnicamente deficiente debido a su incapacidad de gestión en entornos hidrodinámicos y su riesgo de pérdida, sino que es mecánicamente suicida para el propio material.
Someter a un dispositivo de precisión a la "lija" constante de agua, arena y cal es ignorar la naturaleza de los materiales. Un barranquista responsable entiende que la resistencia a la abrasión y la capacidad de liberación inmediata son las dos columnas que sostienen un descenso seguro.
¿Qué debemos hacer?
Actualiza tu equipo: Sustituye la cesta por un descensor específico de barranquismo (como el Ocho, el Pirana o el Oka). Tu seguridad y tu bolsillo te lo agradecerán.
Entrena las maniobras: No basta con tener el descensor adecuado; practica las llaves de bloqueo y los sistemas desembragables en seco antes de enfrentarte al caudal.
Respeta el entorno: Utilizar el material para el que fue diseñado es la mejor forma de minimizar riesgos innecesarios en un medio tan cambiante y hostil como es el barranco.
En el barranquismo, la simplicidad suele ser el camino más corto hacia la seguridad. No dejes que una mala elección de material convierta un día de aventura en una situación de rescate. Entender que el ATC no es la herramienta adecuada para el barranquismo, no debe verse como una crítica, sino como una invitación a crecer. En el mundo del outdoor, la madurez de un deportista se mide por su capacidad de reconocer que las técnicas evolucionan y que la formación continua es nuestra mejor línea de vida. Todos comenzamos usando Atc en el Barranquismo, unos hace 15 años y otros lo seguimos haciendo
Asumir que hemos estado utilizando un material inadecuado es el primer paso para profesionalizar nuestra pasión. No permitas que el ego o la costumbre te detengan; asumir el error de forma madura es lo que separa a un principiante de un verdadero técnico de montaña. Formarse no es solo aprender a bajar, es aprender a elegir, a entender la metalurgia de nuestro equipo y a dominar la seguridad activa. Invierte en tu formación, profesionaliza tu equipo y avanza con la confianza que solo el conocimiento real puede darte. El barranco no perdona la improvisación, pero premia la excelencia.
¡Pásate al ocho y aprende a usar sus diferentes modos de fricción, Además Se ve Feo y no Combina con el Barranco!
Camilo Allendes Rodriguez , Guia N2 Aspirant Master ICAN WORLWIDE y Asociación chilena de Canyoning AG